Mindfulness y el problema del insomnio

Todos hemos tenido problemas para dormir alguna vez, noches interminables en las que damos vueltas en la cama buscando una postura que no encontramos, y en las que nuestra mente está especialmente activa. Revisamos el día, anticipamos posibles desastres, buscamos soluciones a nuestros problemas, y todo ello en vez de descansar. De alguna manera todos tenemos la intuición de que esa actividad mental está en la base de nuestra incapacidad para conciliar el sueño. Y ciertamente, muchos de nuestros pensamientos nocturnos activan el sistema de “lucha-huida” de nuestro organismo, lo que nos mantiene despiertos. Aún así, somos incapaces de parar la máquina de pensar.  

Uno de los pensamientos más inquietantes cuando no podemos dormir es precisamente la idea de no dormir suficiente. Nos enganchamos a pensamientos del tipo “si no me duermo pronto, mañana estaré fatal, no podré rendir en el trabajo, no podré aguantar el día entero, me lo van a notar, etc.”. Miramos el reloj continuamente para ver cuánto tiempo de sueño nos queda y nos consume la ansiedad anticipando lo mal que estaremos al día siguiente. De este modo nos metemos en una trampa mental.

Los tratamientos convencionales para el insomnio (sin medicación) se centran en tres aspectos: control de estímulo, higiene del sueño y relajación. Todos ellos pueden resultar efectivos, sin embargo aquí te proponemos un nuevo planteamiento “dejar de luchar contra el insomnio”. El sueño es algo natural, que acontece sin esfuerzo, sin que nos demos cuenta. Por tanto la actitud que favorece el sueño es la de dejarse llevar, no la de luchar contra algo. A todos nos suenan la expresiones “dejarse vencer por el sueño”, “abandonarse al sueño”, etc. Todas tienen que ver con el “no-hacer”. Por ello cuanto más nos empeñamos en dormir, menos lo conseguimos.

La conciencia plena (el Mindfulness) favorece esta actitud. Luchar contra el insomnio nos mantiene despiertos, sin embargo cuando practicamos meditación, al aceptar cualquier cosa que ocurra en el momento presente, desactivamos la batalla. También la práctica de la plena conciencia nos ayuda a desechar los demás pensamientos que activan nuestro sistema de lucha, como es pensar en los problemas del día, posibles catástrofes futuras, preocupaciones, etc. Nos permite ver esos pensamientos nocturnos como lo que son, pensamientos, y a dejarlos pasar sin engancharnos a ellos.

Así pues la práctica del Mindfulness antes de dormir puede ser una práctica que favorece el sueño y el descanso. 

Laura Sánchez 

LA VIDA COM UN JOC

Fa un parell de dies llegia en una entrevista al filòsof francès Roger-Pol Droit la següent afirmació: “potser prendre’s la vida com un joc sigui la manera més seriosa de fer-ho”.
Repassan’t el significat de jugar he trobat que inclou:
Realitzar una activitat o fer alguna cosa executant alguna capacitat o destresa…
Prendre part….
Intervenir…
Participar….
I això és el que fem o intentem fer a la vida, potser sí.
Més endavant he trobat un altre significat de la paraula:
Tractar (alguna cosa o algu) sense concedir la importància o consideració que es mereix….
Això potser ja no ho fem tant. Els humans tenim una tendència innata a dramatitzar, a viure-ho tot com a molt greu, molt important, molt dolorós, molt indignant, molt catastròfic. Grans ofenses, grans disgustos, grans decepcions…. Normalment quan som capaços de relativitzar i veure les coses amb certa distància ens n’adonem que potser les coses no són tal com les vam percebre en un primer moment. Però el patiment inicial ja ens l’hem emportat.
Jo, sovint qüestiono als pacients: “Quina importància tindrà això que m’estàs explicant a la teva vida d’aquí un parell d’anys?”. La resposta és quasi sempre la mateixa: “cap” o “gairebé gens”….de vegades ni responen. Quan realment passen coses greus a la vida, de veritat devastadores, d’aquelles que et provoquen un dolor físic que et sembla que no podràs suportar i sents que se’n porten una part de tu per sempre, com és la mort d’un ser estimat, aleshores, una de les primeres coses que aprenem és a relativitzar amb tota la resta de coses que passen al nostre voltant.
I, perquè no, potser si que agafar-se la vida com un joc sigui la manera més seriosa de fer-ho. De fet, hi ha una altra manera?
Marta Santaeulària i Martínez
Psicòleg
Col. núm. 8.318

Personalización

Tenemos la tendencia a personalizar casi todo lo que nos ocurre. En las relaciones interpersonales atribuimos a los demás intenciones que no tiene o incluso nos responsabilizamos de sus sentimientos. Cuando vemos a nuestra pareja con el ceño fruncido y pensamos que se habrá enfadado con nosotros por algo, estamos personalizando. Interpretamos y sacamos conclusiones precipitadas. En este caso nos atribuimos la responsabilidad del estado emocional de nuestra pareja sin pensar en otras alternativas como por ejemplo que le pueda doler la cabeza. En estos casos, lo mejor es preguntar directamente y no enredarnos en supuestos e interpretaciones.

Cuando te enteras de que unos amigos han quedado sin ti, puedes pensar que no quieren que vayas, que no te consideran un amigo importante, que quieren desplazarte, que se han enfadado por aquello que le dijiste el martes, que ya no encajas, que se aburren contigo, que…, puedes pensar muchas cosas que tengan que ver contigo, pero lo más habitual es que haya una explicación en la que tu no seas el protagonista. En estos casos, lo mejor es no extraer conclusiones y entender que la gente tiene sus propias motivaciones y no siempre hace lo que uno espera.


Normalmente utilizamos nuestra propia manera de actuar como guía para decidir si alguien actúa bien o mal. Cuando decimos “yo no lo hubiera hecho” o “yo lo habría hecho de tal manera” estamos usando esa estrategia. El problema es que los demás actúan desde sus propias vidas, no desde las nuestras. El por qué actuamos de una determinada manera es un asunto complejo, ya que más allá de la situación externa en la que nos encontremos, en nuestra conducta influyen muchos otros factores como los aprendizajes del pasado conscientes e inconscientes (creencias, sensaciones, hábitos, costumbres, vivencias,…), nuestro estado presente (estado anímico, valores, percepción de la situación, situación personal, laboral, familiar, social,…) y nuestras expectativas sobre el futuro (planes, objetivos, metas,…). Por todo ello es muy complicado juzgar a nadie, ni tan solo a nosotros mismos. 

¿Sabemos siempre porque hacemos las cosas? 

Educación emocional desde pequeños

¿La educación que estamos dando a los niños es siempre la adecuada? Quizás pueda parecer que lenguaje, matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales y educación física sean más que suficientes para preparar a nuestros niños para enfrentarse a la vida.

Habrá quién piense que a la escuela se va a adquirir conocimientos académicos y en casa es donde uno debe recibir el resto de la educación. Ese “resto de la educación” es tan importante o más que la académica. Hablamos de educación emocional, es decir, empatía, respeto, autoestima, valores, etc. Aquello que de verdad nos va a preparar para enfrentar la vida con mayor felicidad.
  
Habrá padres estupendos muy capaces de ello pero… todos lo son? No hay carnet de madre ni padre así que nadie garantiza que los padres, por el mero hecho de serlo, sean capaces de educar en valores y emociones adecuadamente. Si a una persona la educaron mal (si, por ejemplo, en casa aprendió machismo, racismo, avaricia, odio, violencia...) será capaz de educar bien?

¿Qué entendemos por educar bien? Para mi es transmitir o enseñar la capacidad para pensar con la mente abierta y de manera crítica, para cuestionar lo establecido, es enseñar a ser autónomo y responsable dentro de las posibilidades, es fomentar el desarrollo de valores y principios que rijan las decisiones, es enseñar ética, justicia, empatía, amor por uno mismo y por los demás, respeto y tolerancia.
Hay personas que aprendieron todo esto en casa, otros fuera, pero algunos no lo aprendieron nunca. Estos últimos también tienen hijos y luego tendrán nietos. No vamos a juzgar a esas personas que no fueron bien educadas, no tienen culpa. Juzguemos a una sociedad que no se ha dado cuenta de que estamos educando en las escuelas de manera muy pobre.

La psicología ha avanzado a pasos grandes en los últimos tiempos. Hemos logrado un gran conocimiento sobre el funcionamiento de la conducta humana pero todo ese conocimiento tan valioso para hacer del ser humano una especie mejor no se está utilizando ni transmitiendo a las nuevas generaciones de manera global o sistemática. Hay escuelas que están avanzando en ello y poco a poco parece que va floreciendo este tipo de educación a nivel escolar pero aún no se ha instaurado de manera definitiva.

Mientras tanto estamos educando niños sin preocuparnos de su autoestima y autoconfianza, aspecto crucial para que una persona logre una felicidad plena. La felicidad está en lo más alto de la pirámide de las necesidades de Maslow y muchos adultos vamos dando palos de ciego para encontrarla. Llevamos a cabo acciones siempre en busca de la felicidad pero muchas de ellas son incorrectas, van en dirección contraria sin que nos demos cuenta y podemos hacernos daño a nosotros mismos o a los demás.


Mientras tanto estamos educando niños que no saben qué son las emociones ni qué hacer con ellas. El ser humano siempre va a tener emociones tanto positivas como negativas. De las positivas no hay que preocuparse, pero las negativas también están ahí e ignorarlas no nos va a traer más que problemas. Necesitamos que los niños aprendan a identificar emociones propias y ajenas y saber qué hacer con ellas para sacarles provecho en lugar de sacar cosas negativas. Tristeza, rabia o frustración son emociones que van a estar ahí sí o sí en determinados momentos y no hay que eliminarlas (tampoco podríamos), porque son útiles. Te avisan de que algo va mal. Entonces debemos solucionar lo que va mal y la emoción se irá o permanecerá el tiempo que sea necesario hasta que hagamos algo correcto con ella.

Mientras tanto tampoco estamos enseñando a los niños a tener pensamiento crítico, ni a desarrollar valores ni principios propios y por tanto, son carne de cañón de los medios de comunicación, del marketing y de las modas. Son totalmente manipulables y moldeables. Su personalidad y sus acciones quedarán ajustadas a un molde social que promueve el consumismo y la superficialidad (por mencionar tan sólo dos valores que están a la orden del día a tan sólo un botón del mando del televisor). Estos valores condicionan una autoestima insana que se verá minada frente a personas con más belleza física y con más objetos materiales que ellos.

Tampoco estamos dejando suficiente espacio en las aulas para la curiosidad y la creatividad. Las dos cosas más maravillosas del ser humano son la capacidad para descubrir e inventar y la capacidad de hacer arte. La ciencia nos deja conocer cada vez mejor la realidad que nos rodea y nos permite adaptarnos a ella y que ella se adapte a nosotros y el arte es capaz de transportarnos más allá de la realidad. Esos dos aspectos hacen del ser humano algo magnífico y excepcional. Bien, pues no le estamos sacando todo el potencial que tenemos para ello. En lugar de promover la curiosidad y la creatividad hacemos lo contrario. Educamos niños cual cadena industrial, todos iguales, sin dejar suficiente espacio a la excepcionalidad de cada uno. 


Concluyendo, si los niños son el futuro y lo que queremos es un futuro a mejor (creo que en eso estaremos todos de acuerdo) debemos darles herramientas útiles para construirlo. Y, desde mi punto de vista, esas herramientas deben darse desde las escuelas ya que sino, en muchos casos, no serán dadas.



                        LA ESENCIA DE LA ADOLESCENCIA


La adolescencia es un período de la vida tan desconcertante como maravilloso.  Comprendido más o menos entre los doce y los veinticuatro años, la adolescencia se considera en todas las culturas como una etapa de grandes retos tanto para el adolescente como para los adultos que le rodean.

Existen montones de mitos creados alrededor de la adolescencia que ahora la ciencia nos demuestra de manera clara que no son ciertos. Y lo que es aún peor que ser falsos, estas creencias equivocadas pueden complicar la vida de los adolescentes y la de los adultos.

Uno de los mitos más frecuentes referidos a la adolescencia es que las hormonas disparadas de los jóvenes hacen que estos "se vuelvan locos o se les vaya la cabeza" esto es sencillamente falso. Las hormonas si que aumentan durante esta fase, pero no son las hormonas las que determinan lo que pasa en la adolescencia. Ahora sabemos que lo que experimentan los adolescentes es, sobre todo, el resultado de cambios en el desarrollo del cerebro.

Otro mito es que la adolescencia no es más que un período de inmadurez y que los jóvenes solo necesitan " madurar". Con esta visión, no es de extrañar que se vea la adolescencia como algo que todos tenemos que aguantar, sobrevivir como se pueda y dejar detrás con tan pocas cicatrices de guerra como sea posible.

Por lo contrario, los adolescentes no tienen que limitarse a sobrevivir la adolescencia, pueden desarrollarse gracias a este importante período de su vida.
La "labor" de la adolescencia- poner límites, la pasión por explorar lo desconocido y excitante- puede establecer un escenario para el desarrollo de rasgos básicos del carácter que capacitarán a los adolescentes para una magnífica vida llena de aventuras y objetivos.

El cambio sano hacia la madurez se hace a través de la interdependencia. La naturaleza de los lazos que mantienen los adolescentes con sus padres como figuras de apego cambia, y los amigos cobran mayor importancia. En última instancia, aprendemos a cambiar de necesitar cariño de otros durante la infancia, a  alejarnos de nuestros padres y apoyarnos más en nuestros iguales durante la adolescencia, para acabar dando cariño y recibiendo ayuda de otros. Eso es interdependencia.

Los adultos tenemos cosas que aprender de la adolescencia como etapa por la que hemos pasado, y de los adolescentes como personas que están pasando.  Los adolescentes nos pueden recordar lo que tenemos derecho a experimentar en nuestra vida,  puede capacitarnos para que continuemos un aprendizaje a lo largo de toda la vida.


Marisa Castilla

Exigencias y preferencias

"No nos perturban las cosas sino las opiniones que de ellas tenemos"

 Epicteto

Puesta De Sol, Paisaje, Assam, India, Paisajes



Quiero que te imagines que tienes una primera cita con una persona que has conocido por internet (esto que está tan de moda) y que te acojas a la siguiente creencia: “Preferiría gustar a todo el mundo, pero si no sucede, no es esencial que esto sea así. Sería malo que a alguien no le gustase, pero no se acaba el mundo por ello”. Pensando esto realmente, ¿Cómo te sentirías si la persona con la que has quedado, no da señales de querer volver a quedar otro día, cuando en realidad tú quieres, pero no exiges gustarle a todo el mundo?

Si realmente tuvieras esta creencia, seguramente te sentirás disgustado. O puede que te sientas triste o enfadado, pero no querrías matarte, ¿no es cierto?

Vamos a hacerlo otra vez, pero en esta ocasión tendrás una creencia diferente: “Yo debo absolutamente gustar a todo el mundo. Debo! Debo! Debo gustarles a todos!, y sería el fin del mundo si no le gustase  alguien”. Con este pensamiento, ¿cómo te sentirías ahora si la persona con la que has quedado no da señales de querer volver a quedar otro día, cuando tu exigencia es que DEBES gustar a todo el mundo?

Seguramente te sentirías deprimido o ansioso…
Fíjate que ante la misma situación, diferentes creencias te llevarán a diferentes sentimientos o emociones.

Vamos a hacerlo por tercera vez de nuevo. Ahora tú mantienes la creencia que hemos dicho antes de que: “Yo debo absolutamente gustar a todo el mundo. Debo! Debo! Debo gustarles a todos!, y sería el fin del mundo si no le gustase alguien”. En esta ocasión, la persona con la que has quedado, desea volver a tener una cita contigo. ¿Cómo te sentirías ahora ante esto, cuando tu creencia es que DEBES gustarle a todo el mundo?

Muy probablemente te sentirás muy emocionado, ¿verdad?

Veamos la última parte. Con la misma situación (la persona quiere una segunda cita contigo) y con la misma creencia: “Yo debo absolutamente gustar a todo el mundo. Debo! Debo! Debo gustarles a todos! Y sería el fin del mundo si no le gustase alguien”. ¿Qué cosa tendrías que pensar para que sintieras pánico?

Pues que AHORA que esta persona quiere otra cita ¿Quién me asegura que en el próximo encuentro, quiera volver a quedar? Y por tanto seguiré ansioso otra vez.

Fíjate de qué nos damos cuenta con este ejercicio: Primero de todo, que somos nosotros mismos los que nos creamos nuestro malestar. No es la situación en sí la que nos perturba, es lo que nos decimos sobre ella.  Además, somos vulnerables a crearnos perturbación emocional cuando los demás hacen todo lo que deben hacer y con tal de mantener lo que hemos conseguido, tenemos la creencia de que no debemos perderlo.


Cuando las personas nos acogemos a creencias preferenciales, no dogmáticas y no las convertimos en deberías, rígidos, exigentes, entonces, nos decepcionaremos, entristeceremos saludablemente cuando no obtengamos lo que PREFERIRIAMOS tener y seremos constructivos bajo esas circunstancias.









Bibliografia

 Lega, L., Caballo, V., y Ellis, A. Teoría y práctica a la Terapia Racional Emotiva Conductual. Ed.Siglo XXI. 2009

Sorribes, F. Y Lega, L. Una nueva guía para manejar sus emociones. Institut RET: Barcelona, 2013

 Ellis, A. Sentirse mejor, estar mejor y seguir mejorando. Ed. Mensajero. 2005


Bibiana Badiella
col.21373

Cómo parar las discusiones de pareja destructivas en 10 pasos


Las discusiones de pareja son normales y útiles, ya que, gestionadas de forma adecuada, facilitan la resolución de conflictos, el entendimiento y la evolución de la pareja.

En cambio, las discusiones de pareja destructivas, podríamos decir que son como el tabaco o el alcohol: tóxicas, pero también adictivas, y cuando no las tienes te crean una especie de síndrome de abstinencia.

Estas discusiones destructivas generan un gran malestar en la relación de pareja. Se genera un clima de tensiones que impiden la felicidad, la paz y la harmonía.

Una vez estás inmerso/a en ellas, es complicado saber pararlas, y aunque no te gusten y no quieras tenerlas, vuelven a producirse una y otra vez.

En este artículo te explico cómo parar esas discusiones destructivas en 10 pasos, y que espero que te sirva de gran ayuda.

Te recomiendo que invites a tú pareja que también lo lea.

1.     Deja de jugar a juegos

En las discusiones destructivas, uno de la pareja o ambos, busca o buscáis ganar la discusión, dar en su punto débil, dejar al otro desarmado, que el otro se sienta mal, para tú ganar poder y estar en una posición por encima del otro. 

Después de cada discusión destructiva hazte las siguientes preguntas: ¿Te ha servido para ser más feliz?, ¿Te sientes mejor contigo mismo por haber ganado?, ¿Te sientes más seguro contigo mismo?

Puede que sí, pero es una FALSA sensación de felicidad/seguridad. No lo olvides. Te estás engañando a ti mismo.

Deja de jugar a este juego absurdo de conseguir el poder. El poder, la seguridad y la felicidad se consiguen de una forma muy diferente.

2.     Analiza el motivo real de la discusión

Está claro que una discusión de “por qué no has fregado los platos”, “por qué me has contestado borde” o “por qué no has reservado restaurante si te dije que lo hicieras”, puede ser motivo para derivar en una discusión, pero no motivo de peso para derivar en una discusión destructiva.

Esto requiere de un análisis más profundo.

Si frecuentemente te encuentras con tu pareja envuelto en discusiones destructivas, está claro que uno de la pareja o ambos tiene o tenéis conflictos emocionales internos no resueltos.
Estos conflictos emocionales internos suelen tener que ver con vivencias del pasado. Ya sean experiencias en relaciones vividas como negativas, conflictos familiares y/o traumas de diferente índole.

Estos conflictos emocionales no resueltos son los que activan, en las discusiones, emociones negativas intensas y descontroladas.

La ira, rabia, rencor u odio por experiencias vividas que no has gestionado adecuadamente, son expresadas y desatadas en las discusiones con tu pareja convirtiéndose en destructivas.
La emoción sentida es tan fuerte que va dirigida a querer destruir a tu pareja y hacerle daño. Pasado un tiempo, cuando las aguas se calman, puedes reconocer que tu reacción ha sido exagerada y tu pretensión no era hacerle daño.

Sin embargo, esto no puede seguir así una vez tras otra, ya que la relación poco a poco se va deteriorando y se va instaurando un clima cada vez más negativo en la pareja.

Analiza qué hay detrás de cada discusión, ¿Es tan grave que no haya fregado los platos? ¿Qué es realmente lo que me ha dolido de todo esto?

Siéntate con tu pareja y ayudaros mutuamente a descubrir las razones reales que os llevan a ir al límite. Para ello tienes que adentrarte en tu mundo emocional.

3.     Rompe tu muro emocional

Puede ser que, por estas experiencias vividas de las que hablaba, te hayas ido construyendo un muro emocional para no lidiar con esas emociones negativas y por tanto evitar así el sufrimiento.

Este muro o defensa que has construido, te aporta una cierta seguridad en la relación con los demás, pero abre un abismo en tu relación íntima con tu pareja que dificulta la solución de conflictos.

Tu pareja está, entre otras cosas, para poder hablar sin miedo de todas tus inseguridades, miedos y debilidades. No te pongas a la defensiva, no es tu agresor sino tu aliado, sólo tienes que dejar que lo sea.

Por tanto, para poder analizar el por qué te has puesto tan furioso o rabioso, debes traspasar esa barrera emocional que te distancia de tus sentimientos y poder expresarlos con tu pareja.

No tengas miedo de entrar en contacto con tus emociones, si las escuchas con atención, te guiarán para que consigas un mayor bienestar.

4.     Sé honesto contigo mismo

Es importante que seas capaz de reconocer tus errores en todo momento. Esto forma parte de la madurez emocional.

No caigas en el falso mito de que reconocer tus errores y pedir perdón implica rebajarte. Es justamente al contrario. Alcanzarás un nivel superior de madurez y harmonía cuando seas capaz de hacerlo.

En realidad el poder, el respeto y la felicidad solo pueden conseguirse de una sola forma: con amor. El poder y el respeto impuesto, no es real; ya que el otro actúa como tú quieres por miedo.
En cambio, si tú ofreces amor a las personas y las haces sentir especiales, te eligen de forma incondicional.

Si eres tú quien suele reconocer los errores y en cambio tu pareja no lo hace, muéstrale el camino de cómo hacerlo. Le enseñarás una valiosa lección que le aportará paz interior.

5.     Cómo tener una discusión constructiva

Cuando discutas con tu pareja, evita poner el foco de atención en el contraataque. El contraataque únicamente lleva a discusiones en escalada con peligro de que deriven a discusiones destructivas.

Una opción mejor es que busques internamente en qué te has equivocado tú para que tu pareja se sobresaltara.

Si la discusión va aumentando de intensidad, tómate un respiro, dile a tu pareja que necesitas un rato para pensar y que luego retomaréis el asunto.

Es importante que el asunto lo retomes y que no lo dejes pasar. Si lo dejas pasar y no habláis de lo ocurrido, es el poso que se va creando poco a poco de rabia y rencor, que en un momento u otro saldrá en forma de discusión destructiva.

Una vez te has relajado, comienza la charla expresando cuáles crees que han sido tus errores. De esta forma permites rebajar la posición defensiva en la que seguramente se encuentra tu pareja.

Seguidamente exprésale cómo te has sentido. Esta forma de enfocarlo es importante y te explico por qué en el siguiente paso.

Así como tú expresas cómo te has sentido, también debes tratar de averiguar y entender cómo se ha sentido tu pareja.

Una vez hayáis puesto los sentimientos en común, es importante que lleguéis a un acuerdo de qué hacer o cómo actuar la próxima vez para que no vuelva a repetirse.

Si tenéis dificultad para tener una charla relajada ya que cada vez que lo intentáis aumenta el tono de voz y la tensión, os aconsejo que vayáis a un lugar público. La presencia de otra gente hará que os controléis y podáis hablar de una forma más relajada.

6.     Habla desde la emoción

Un profesor de la universidad me dijo un día algo que realmente me ha funcionado hasta el día de hoy:

Cuando estés en una discusión, habla siempre desde tu emoción: “me he sentido dolido porque …” en vez de “es que tú has hecho tal cosa para fastidiarme”.

Si tú hablas desde tu sentimiento, eso es algo que nadie puede rebatirte, ya que los sentimientos solo los sientes tú y nadie más. En cambio si tú haces interpretaciones de lo que el otro ha hecho, siempre lleva a desacuerdos sin solución.

Por tanto, no hagas interpretaciones acerca de lo que el otro ha dicho o hecho sino de cómo te has sentido tú. Esto ayudará a rebajar la intensidad de las discusiones y a que la otra persona pueda llegar a entenderte con mayor facilidad.

7.     No evites las discusiones, aprende a discutir

A menudo ocurre que uno de la pareja trata de evitar los conflictos para no discutir.

Como dije al principio, es normal discutir y no solo normal sino que es útil y productivo si sigues estos pasos y logras llegar a un entendimiento y acuerdo mutuo.

De hecho, las parejas que no discuten nunca pueden tener un problema mayor. Normalmente se trata de una relación poco íntima, que se relacionan entre sí desde la superficie. Con lo cual eso les lleva a no haber motivos de discusión pero tampoco de intimidad.

Cuando hay algo que te molesta de tu pareja o no ves apropiado, no te lo guardes.

El peligro de guardarse lo que a uno le molesta del otro, es que llega un momento que la persona explota, y lo hace de forma incontrolada. Y eso es algo que debes corregir.

No se trata de evitar las discusiones sino de aprender a discutir.

Exprésale desde la calma y la serenidad cómo te sientes cuando él/ella se comporta de esa manera. Recuerda hablar siempre desde tu sentimiento. No juzgando su forma de actuar.

Si tu pareja se enfada y se enciende, entonces está claro que ahora el problema lo tiene él/ella que no es capaz de reconocer sus errores y de hablar desde el respeto. Con lo que debe volver al paso 2 y 3.

8.     Celebra que habéis resuelto la discusión con éxito

Te has tomado un tiempo para pensar, te has sentado a hablar con tu pareja acerca de la discusión que habéis tenido, has entendido su sentimiento y él/ella el tuyo, has planteado cómo actuar la próxima vez para que no vuelva a ocurrir lo mismo; Muy bien, lo lograste, pero no lo dejes ahí, celebra que os habéis reconciliado y que habéis llegado a un entendimiento.

Este gran esfuerzo y su final feliz deben ir acompañados de una recompensa.
Así que sal a cenar fuera, mirad una película abrazados o disfruta de un buen encuentro sexual que os ayude a reconectar.

9.     Evita posibles recaídas

Como dije al principio de este artículo, las discusiones destructivas son como el tabaco o el alcohol, y como toda droga hay que prevenir las posibles recaídas.

Para ello, es importante que cuides la relación de pareja. No se trata sólo de intentar no tener discusiones destructivas sino también de generar un clima general de paz y amor dentro la pareja.

Este clima de paz y amor no aparece sólo, sino que requiere de tu esfuerzo y dedicación:

-          Exprésale frecuentemente a tu pareja lo que significa para ti
-          Háblale con el mismo respeto que te gusta a ti que lo haga
-          Ten de vez en cuando algún detalle hacia él/ella que le haga sonreír 
-          Exprésale de vez en cuando las cosas que te gustan de él/ella
Si aplicas los tips que te he comentado y cuidas la relación en el día a día, las discusiones destructivas formarán parte del pasado.

10.                        Acude a terapia de pareja

Si tras poner en práctica de forma deliberada estos tips observas que las discusiones destructivas de pareja continúan, es el momento de plantearse la terapia de pareja.
Como he comentado anteriormente, las discusiones destructivas vienen dadas porque un miembro o ambos de la pareja tiene conflictos emocionales no resueltos.

No es fácil resolver por uno mismo los conflictos emocionales internos, ya que muchas veces uno no es consciente de ellos o bien sí es consciente pero no sabe cómo abordarlos ni gestionarlos.
En ese caso, te recomiendo que cuentes con la ayuda de un profesional para que te guíe en este proceso. 




Mònica