¿La historia de tu vida, te invita a avanzar o te limita?

Cada uno de nosotros hemos ido construyendo una identidad narrativa propia a lo largo de nuestra vida. Esto es, una historia sobre nosotros con la que hemos ido conformando nuestra identidad.
 
Esta historia sobre nosotros mismos la vamos creando en base a las personas que conocemos, aquellas que nos acompañan a lo largo de nuestra vida, aquello que nos ha pasado y los valores, creencias y modelos sociales que nos han marcado.
Esta identidad narrativa puede ser muy positiva para un buen desarrollo si se trata de una narración que nos lleva a seguir evolucionando y a reafirmar nuestra identidad.
No obstante, muchas veces las personas crean unas identidades narrativas propias muy limitantes que impiden la evolución personal. Estas narrativas limitantes suelen ser historias dominantes saturadas de problemas, es decir, que aquello que marca el discurso narrativo de la persona suele ser una historia problemática que hace que la persona tenga una identidad propia negativa.
Para poner un ejemplo, una persona depresiva mantiene la depresión porque la identidad narrativa que ha ido creando a lo largo de la vida es la de una persona desafortunada, desgraciada, que todo le sale mal, y todo lo pasa por este mismo filtro. Desde esta idea que tiene sobre sí misma y sobre lo que ha sido su vida, no es extraño que esta persona manifieste sentimientos negativos de desvalorización que generen síntomas depresivos.
Es importante por lo tanto, que estas personas aprendan a cambiar su historia; porque cambiando su historia cambiarán su identidad. Está claro que la historia de cada persona es la que es, pero depende de cada cual extraer de aquella historia los elementos que te hacen evolucionar y sacar aquellos que te limitan; aquellos que hacen que no seas quién quieres  ser.
Desde la Terapia Narrativa se invita a aquellas personas que quieran mejorar su identidad a que reescriban su historia; que la repitan una y otra vez, que la expliquen a los demás hasta haberla integrado y que empiecen una nueva vida de identidad plena que les permita avanzar.




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Pensamiento 6: El enfado

De nuevo ésta, es una emoción sana. Las frustraciones, es decir, todo aquello que no es como uno desea que sea, forman parte de la vida, y cuando topamos con ellas una reacción muy normal y muy humana es enfadarse.

El enfado suele ir acompañado de reacciones físicas o corporales, como la tensión, un nudo en el estómago, enrojecimiento de cara, presión en la cabeza...esta emoción, como todas las demás, requiere ser expresada. Si lo hacemos con una actitud asertiva, conciliadora y de diálogo, conseguiremos liberarnos de estas sensaciones físicas (no muy agradables, por otro lado) y quizás, tal vez, cambiar la situación que me generó el enfado.

En otras ocasiones el enfado, no es enfado, sino rabia. La diferencia? La rabia es una emoción insana y desadaptativa, ya que se basa en pensamientos irracionales, circulares y recurrentes que lo único que consiguen es generar más sufrimiento del necesario.

Por otro lado, la rabia, en cuanto que emoción, también requiere expresión, el problema es que ésta no permite la asertividad sino que se expresa de forma brusca, explosiva y conflictiva, evitando así el acuerdo y, por tanto, imposibilitando el cambio que seria necesario para modificar la situación.
Pero más peligroso es, todavía, que no se exprese esta emoción, pues la rabia es agresividad y si esta no produce un estallido exterior lo hará de todas formas,.....pero hacia adentro.
El objetivo: responder a las situaciones y no dejarnos arrastrar por la rabia ni hacia los demás ni hacia uno mismo.

Pensamiento 5: La tristeza

La tristeza,... siempre huyendo de ella....

La tristeza, vuelve a ser una emoción sana. Digo sana puesto que forma parte de la vida, no podremos esquivarla siempre, y nos va a ser necesaria para superar situaciones de duelo y pérdidas: un divorcio, la muerte de un ser querido, un despido....

Las sensaciones y síntomas corporales que conocemos de sobra, un nudo en la garganta o en el estómago, una sensación de hueco, una pesadez sobre los hombros, decaimiento, lágrimas, cansancio, son manifestaciones normales de la tristeza y tendremos que aprender a aceptarlas cuando estas aparecen, pero no dejar que se perpetúen. Hay un dicho - creo que hindú - que dice algo así como: deja que la tristeza planee sobre tu cabeza pero no dejes que anide en ella.

Cuando esta tristeza se vuelve crónica, cuando las sensaciones físicas se intensifican, cuando el sufrimiento emocional es cada vez más intenso y uno siente que ya no puede funcionar en su vida diaria, que ya no puede ir a trabajar, ni siquiera levantarse, entonces la tristeza ya no es tristeza sino depresión. 
Y  la depresión es una emoción insana que requiere intervención profesional puesto que se considera un trastorno.

Un compañero solía decir "lo normal es salir de una depresión" estoy de acuerdo y requiere tratamiento terapéutico y en muchos casos también farmacológico.

Pensamiento 4: el miedo

El miedo, que no la ansiedad, es un sentimiento sano. El miedo nos avisa de que existe una situación potencialmente  peligrosa, nos alerta, y prepara el cuerpo para responder en consecuencia.
El miedo por tanto forma parte de la vida. Nos lo podemos encontrar en diversas formas, se siente de diferentes maneras a lo largo de la vida. Todos los seres humanos tienen miedos, miedos diferentes.
Hay miedos más amplios: miedo a morir, miedo a vivir, miedo a equivocarse, a defraudar, a perder, a fracasar....Y miedos más concretos: a la oscuridad, a perder el trabajo, a arruinarse, a realizar determinadas actividades o relacionarse con determinadas personas o animales....
Pero el miedo, es miedo y al final la respuesta al miedo no es luchar contra él, ni tampoco intentar evitarlo a toda costa, la respuesta es al fin, aceptarlo.
Es incómodo, no agradable, molesta, pero desde la aceptación aprendemos que lo que no podemos permitir es que nos bloquee, y si lo que lo provoca no es una situación altamente peligrosa no dejar de hacer aquello que nos proponemos. El límite entre que es y que no es peligroso es, a veces, algo subjetivo. Yo no me tiraría en paracaídas, porque me da miedo, pero no es un objetivo vital para mi, por eso he decidido no hacerlo.
También me da miedo equivocarme cuando tengo que elegir, pero entiendo que en la vida hay que elegir y eso implica perder algo, por eso no me niego a elegir, aunque a veces lo haga con miedo.
En definitiva, aceptar el miedo y "no dejar de hacer" a pesar de sentirlo.

Pensamiento 3

Como vamos a conseguir cambiar un pensamiento si no somos conscientes del mismo?

Este es el primer paso: captarlo. Es difícil porque su velocidad es extrema y también su manifestación, puede que sea una imagen, una sensación... es complicado separarlo de la emoción.

Por ello recomendamos técnicas como la meditación que nos ayudan a captar los pensamientos como algo separado de mí, que nos posibilita verlos a cierta distancia y así reconocerlos. Cuando algo está muy cerca de la visión se transforma, queda desdibujado por completo. La distancia nos da perspectiva. Y la meditación nos ayuda a conseguir esa distancia.

Otra forma es escribir en el momento en que siento una fuerte emoción todo lo que pasa por mi cabeza en los siguientes minutos, segundos a veces.

Cuando identificamos el pensamiento enseguida reconocemos en él si es dañino, si me ayuda o por el contrario me perjudica, luego analizamos si realmente eso que pensé era verdad, si era cierto, si era lógico, si tenía sentido, si lo puedo argumentar.

Entonces tengo que encontrar un pensamiento alternativo, que describa la realidad, que sea práctico, que me ayude, que tenga una lógica y que pueda aceptarlo aunque no sea el que más me atrae, me seduce o me arrastre en ese momento.

En cuanto tengo ese pensamiento me lo repito con fuerza, intento interiorizarlo, lo he entendido y ahora tengo que incorporarlo en mi. En este punto hay que tener paciencia pues el sistema endocrino, emocional tarda mucho más en regularse de lo que tarda la razón en entender algo. "Entiendo que no tiene sentido sentir rabia, pero la sigo teniendo"....Repite con fuerza la frase, el pensamiento nuevo que has hallado hasta que notes que la rabia se disuelve. Lo notarás y entenderás que el control emocional puede depender de nosotros mucho más de lo que creemos.

Pensamiento 2

No son tanto las cosas las que nos afectan sino la interpretación que hacemos de las mismas. Ya lo decían los filósofos, la ciencia y la experiencia lo corrobora.
No podemos controlar los hechos que se van sucediendo a nuestro alrededor, como los demás deciden comportarse con nosotros, ni muchas de las cosas que nos van a suceder en un día. Esto, en la mayoría de los casos no entra en nuestro poder de decisión, es decir no depende de nosotros.
En cambio si nos pertenecen nuestros pensamientos, emociones y conductas, por ello debemos en primer lugar responsabilizarnos de ellos y en segundo lugar intentar cambiarlos si vemos que no nos conducen por el camino adecuado, es decir si no nos aportan más que sufrimiento y dolor.
Los hechos que me rodean no suelen depender de mi pero si mis pensamientos y emciones, por eso puedo trabajar con ellos, mejorarlos, educarlos, dirigirlos hacía y por un camino más sano que me proporcione equilibrio, bienestar, tranquilidad....quizas felicidad.
Veremos como....